Muchas veces nos encontramos en el parque con la siguiente situación: Dos niños de uno o dos años, quieren el mismo juguete: la pala, el cubo, el camión…
A los padres nos produce tensión, porque deseamos que nuestro hijo comparta con otros niños y ¿Cómo actuamos los padres? Solemos decir: “déjaselo, cariño, hay que compartir!” Esto generalmente produce mayor frustración en el niño aumentándole el deseo de no compartir y aferrándose más al juguete.
Lo que nosotros recomendamos para niños de menos de 3 años
Antes de pronunciar la frase anterior, es lo siguiente:
- Lo primero agacharse y ponerse a la misma altura de los dos niños.
- Hay que saber quien tenía el juguete primero y quien lo quiere.
- Aunque no sepan hablar, el adulto deberá ser la voz, el intérprete, de cada uno de los niños.
- A uno le dirá: “tú tenías el camión”.
- Y al otro: “ah que tú quieres jugar con el camión ¿no?”.
- Esto tranquilizará de momento a los niños y estarán dispuestos a escuchar porque lo que está sucediendo es que el adulto está entendiendo la situación y porque aunque los niños no puedan expresar hay otro, el adulto, que si lo expresa por ellos.
- Seguirá diciendo: “ya, lo que pasa es que el camión lo tenía él. Ahora está jugando él con el camión. ¿Tu lo quieres? (le dirá al otro niño).
- Se dirige al niño que lo tenía y le dice: “ él lo quiere, ¿se lo prestas?”
- Seguro que el niño responde SI. Si dice que si se lo presta y ya está, por supuesto, le reforzais (“muy bien, cariño, muchas gracias”) al niño que presta esa conducta tan positiva del compartir.
- Si dice que no hay que respetar que diga que NO. En este caso, le decís al niño que lo quiere: “es que ahora lo tiene él y quiere jugar con este camión, cuando termine lo podrás tener tú, mientras tanto puedas jugar esto otro (ofrecer una alternativa)”.
- Cuando el otro niño deje de jugar con el camión dirigiros al niño que lo quería y ofrecérselo.
Esto es muy beneficioso para los niños tan pequeños. Todavía no quieren compartir porque están en una fase primaria, del yo, casi no reconocen al otro. Y de esta manera le damos la opción de reconocerlo o no, según ellos se encuentren.
Esta actitud, que proponemos, les da la seguridad de poder jugar tranquilos, sabiendo que a él se les respetará sus pertenencias, al igual que aprenderá a respetar las de otro.


